Tu intestino alberga una comunidad activa de microorganismos, y lo que comes ayuda a nutrirla. La Serie El Jardín Intestinal comparte formas sencillas de cuidar esta comunidad, con recetas para la salud intestinal, alimentos básicos para la despensa y comidas que toda la familia disfrutará reunida en la mesa.
Los diferentes alimentos interactúan de distintas maneras con el microbioma intestinal. Las frutas y verduras, los frijoles y las lentejas, los cereales integrales, los frutos secos y las semillas, así como los alimentos fermentados, aportan distintas combinaciones de fibra, nutrientes y compuestos vegetales. Por eso, un plato que favorece la salud intestinal incluye una variedad de todos ellos.
Los alimentos ricos en fibra que favorecen la salud intestinal, como la avena, los frutos rojos y las lentejas, son un buen punto de partida. Comienza poco a poco: añade una cucharada de lentejas a una salsa para pasta que ya prepares habitualmente y ve incorporándolas gradualmente.
Los alimentos prebióticos que favorecen la salud intestinal aportan fibras que ciertos microorganismos intestinales pueden utilizar. Las cebollas, el ajo, los espárragos, las legumbres, la avena y algunas frutas son buenas fuentes de estos nutrientes.
Los alimentos que contienen microorganismos vivos se consideran alimentos probióticos, aunque esto depende de cómo se elaboren. El yogur y el kéfir son ejemplos comunes.
Los alimentos fermentados abarcan un grupo más amplio de productos elaborados mediante fermentación, como el kimchi, el chucrut y el miso.
Estos tres grupos pueden coincidir, pero no son intercambiables. La Serie El Jardín Intestinal explica cada uno de ellos y muestra cómo incorporarlos a las comidas cotidianas.
Una alimentación saludable debe adaptarse a las noches ajetreadas entre semana. Por eso, nuestras ideas de comidas saludables para el intestino se basan en ingredientes conocidos y prácticos. Cada receta combina alimentos ricos en fibra, productos fermentados, frutas y cereales integrales con sabores que los niños ya conocen y disfrutan.
Cuando los niños dudan en probar alimentos nuevos, lo familiar puede marcar la diferencia. Comienza con alimentos que ya les gusten y luego presenta un ingrediente nuevo junto a ellos, en una porción pequeña y sin presiones. Ofrecer los mismos alimentos en distintas ocasiones les da tiempo para acostumbrarse a nuevos sabores y texturas, sin convertir cada comida en una negociación.